Una apuesta local por el biodiésel

La Nación (Argentina)

Biocombustible. Marcelo Balcells y sus socios montaron cerca de Pilar, en Córdoba, una pequeña planta de biocombustible, pero ahora aguardan que el mercado local ofrezca mejores perspectivas.

Marcelo Balcells es, como productor agropecuario que un día decidió incursionar en el terreno de los biocombustibles, uno de los pioneros de la provincia de Córdoba -y posiblemente del país- en la producción de aceite de colza para su transformación en biodiésel. Dos años atrás, Balcells y tres socios dieron el paso luego de entusiasmarse con «el furor internacional por los biocombustibles debido a la escasez de petróleo»: compraron un predio, montaron una prensa pequeña para aceite, compraron una planta de biodiésel y se largaron a sembrar 250 hectáreas de colza porque en ese momento, dice ahora con algún desencanto, «los números eran mejores». La inversión total, estima, fue de unos dos millones de pesos, y el objetivo era producir combustible vegetal para autoconsumo.

«Hicimos todo lo necesario: examinamos estudios de impacto ambiental con ayuda de la Universidad de Rosario, que es lo más importante, nos inscribimos en el registro en la Secretaría de Energía y obtuvimos todas las aprobaciones requeridas por la provincia y el municipio», contó Balcells. Hoy, sin embargo, el panorama no es el mismo que en 2005. La prensa aceitera funciona, pero la planta de biodiésel está casi parada después de producir unos 6000 litros de biodiésel que siguen utilizando. Pero este productor de 49 años de la zona de Pilar, unos 50 kilómetros al sur de la ciudad de Córdoba, no descarta que la situación dé un vuelco y el negocio ofrezca otra vez una buena rentabilidad. «El aceite vale ahora cerca de tres pesos y no hay forma de competir con ese valor. Es preferible vender el aceite y con la plata comprar el gasoil que transformarlo en biodiésel. Pero a lo mejor en seis meses la cosa cambia otra vez». Su queja tiene que ver las ausencia de reglas claras en un ámbito de fuerte intervención oficial y las expectativas de rentabilidad que los socios tenían en un principio, cuando el aceite no valía lo que vale ahora y se esperaba que se encareciera el precio del gasoil y las naftas. Dar valor agregado«Si se normalizaran los precios del combustible y tuviéramos valores en línea con los internacionales y no subsidiados, entonces sería posible desarrollar el sector. Pero tenemos precios ficticios», explicó Balcells. «Como están las cosas, no sé quién va a proveer el biodiésel», añadió en alusión a la ley de biocombustibles recientemente reglamentada y que prevé «cortar» las naftas y el gasoil con un 5 por ciento de combustibles de origen vegetal para 2010.

«Hablan de dar valor agregado a la producción, y con ese objetivo fue como nos largamos en un principio, pero es muy difícil arriesgar cuando no se puede planificar», afirmó el productor cordobés. Así y todo, el negocio todavía es factible porque, además de tener un muy alto rendimiento de aceite (del orden del 45 por ciento, casi tres veces más que la soja), de la colza se extrae harina y un sobrante que sirve para alimento del ganado y para ser industrializado con otros fines.

F. S.

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