Suena la alarma en la Amazonia

Soitu.es (España) / Por Federico Bellone Pavani

EFE -Imagen aérea de una zona deforestada de la Amazonía. RÍO DE JANEIRO (BRASIL).-  Los últimos datos de deforestación de la Amazonia brasileña han disparado de nuevo las alarmas en este país. Aunque el presidente Lula lo ha calificado como un «tumorcito», lo cierto es que el diagnóstico parece más grave.

La cifra es contundente: en los últimos cinco meses de 2007, una superficie de 3.235 km2 de la Amazonia brasileña ardió en llamas y se perdió para siempre. Así lo anunció la semana pasada el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (INPE) de Brasil, que efectúa el seguimiento en tiempo real de la deforestación a través de satélites. La extensión probablemente sea mayor, y en función de la diferencia entre distintos satélites empleados por el INPE podría alcanzar los 7.000 km2.

El dato ha generado un gran revuelo aquí en Brasil, pues de mantenerse este ritmo el Gobierno difícilmente alcanzará su meta de estabilizar o reducir la deforestación amazónica, lo que supondría llegar al 31 de julio de 2008 habiendo deforestado no más que 11.224 km2 anuales (casi una vez y medio la Comunidad de Madrid).

También supone un chasco para quiénes observaban con optimismo una disminución en la deforestación que venía registrándose desde 2005, coincidiendo con la creación de nuevas áreas protegidas, que hoy alcanzan casi el 50% de la Amazonia.

Entre las razones apuntadas como responsables de este repunte hay una en la que impera el consenso: los precios favorables de los ‘commodities’ de exportación, especialmente soja y carne bovina. Brasil es líder mundial en exportaciones de estos productos, especialmente a China, Europa y EEUU, que los consumen masivamente. Más soja y más bueyes exportados es igual a menos selva. Sencillo.

El otro gran responsable es el sector financiero. Los bancos públicos que financian la agropecuaria y los planes de desarrollo rural en la Amazonia no tienen ningún tipo de filtro contra inversiones que supongan eliminar la selva. Aunque parezca increíble, hoy se puede entrar en un banco público y pedir un crédito para criar ganado o plantar soja sin que nadie te haga ninguna pregunta sobre si eres el dueño de la tierra o si pretendes o no respetar la ley forestal. Lo que le importa al banco es que devuelvas el dinero, lo antes posible, y con intereses, claro. Lo de las leyes es en otro departamento…

La imagen muestra en rojo y violeta las regiones que sufrieron deforestación en Brasil desde 2001 Según el Instituto Imazon, una destacada institución local dedicada a investigar la Amazonia, la forma más eficaz de frenar la devastación pasa por cerrar el grifo financiero. Fuentes del Gobierno recientemente consultadas por los medios declaran no disponer de estimación alguna sobre cuántos recursos públicos son destinados actualmente a la explotación agropecuaria en la Amazonia, cifra que el Imazon estima en más de mil millones de dólares desde que empezó la actual legislatura (2003). Estos recursos eclipsan cualquier otro capital destinado a la conservación de la Amazonia, incluyendo aquellos procedentes del organizaciones extranjeras como ONG conservacionistas.

El Gobierno ha reaccionado ante la actual crisis suspendiendo licencias de deforestación en los 36 municipios en situación más grave, además de enviar una fuerza policial extraordinaria y movilizar a la fuerza aérea para dar apoyo logístico. En estos municipios se hará una revisión catastral de la propiedad, y un monitoreo más escrupuloso, así como revisar o suspender algunas financiaciones públicas.

Sin embargo, el investigador del Imazon Beto Verissimo afirma claramente: «El Estado necesita ir mucho más allá de la vigilancia y la creación de áreas protegidas, aunque esas acciones son muy relevantes». Este experto considera que el Estado debe condicionar los créditos públicos al cumplimiento de la ley, que exige que ninguna propiedad pueda deforestar más de 20% de su superficie, lo cual ya se puede monitorear en tiempo casi real con satélites.

Lo que sí está claro es que la supervivencia de algo tan valioso como la Amazonia no debería estar sujeta a los altibajos de los mercados, sino que debería estar regulado por fuerzas más permanentes. Pero para esto es necesario algo que, hoy por hoy, no existe, que es un acuerdo sobre qué hacer con este ecosistema; la mayor reserva de biodiversidad del planeta, además de uno de los mayores sumideros de carbono y un regulador del clima a escala planetaria.

Con el ascenso del cambio climático en la agenda política internacional se vislumbra una nueva oportunidad –tal vez la última– para esta biomasa. Sin embargo, el horizonte aun está demasiado turbio para los políticos y administradores acostumbrados a la vieja usanza, que todavía no lo ven claro. O sencillamente no quieren verlo, como es el caso del Gobernador del estado más deforestado, Blairo Maggi de Mato Grosso, al que se le acumula el trabajo, como cargo público y a la vez como mayor exportador de soja del país. Sobran las explicaciones…

Tim Killeen, investigador de la ONG Conservation International y autor de un reciente informe sobre el futuro de la Amazonia es contundente: «La deforestación de la Amazonia está ocurriendo no porque haya gente mala que quiere perjudicar al medio ambiente, sino porque la deforestación genera riqueza. La gente lo hace porque quiere generar ingresos y para muchos es la única manera de hacerlo».

Valga el viejo dicho: pan para hoy, hambre para mañana.

*Federico Bellone Pavani está licenciado en Ciencias Ambientales y postgraduado en Tecnología Ambiental y Gestión de Recursos Hidricos. Vive y trabaja en América Latina desde hace cinco años.