La revancha de las industrias culturales

La Nación (Argentina) / Por Carmen María Ramos

Las mejores búsquedas de personal y una variada oferta de capacitación.

Son el resultado de la nueva era de la revolución intelectual. De un modo general, se entiende que este auspicioso y aún relativamente poco conocido sector engloba aquellas actividades que tienen su origen en la creatividad, el talento y la habilidad individual, y que poseen el potencial de generar valor y empleo a través del desarrollo y la explotación de la propiedad intelectual. Se trata de industrias, para decirlo más gráficamente, cerebro-intensivas.

La edición impresa y multimedia, la producción cinematográfica, audiovisual y fotográfica, el diseño, la producción de contenidos, las artes escénicas y visuales, los desarrollos digitales… ¿Cuál es la importancia de las industrias culturales en el campo laboral y productivo?

Un dato es evidente: hoy difícilmente se pueda poner en tela de juicio el peso económico de la cultura más allá del valor que representa en términos de construcción de capital social y de conocimiento.

«La tradición de una política cultural más ligada con las bellas artes que con el sector productivo ya no responde a la realidad», sostiene Stella Puente, subsecretaria de Industrias Culturales del Ministerio de Producción del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

La funcionaria da cuenta de la creciente importancia de estas industrias, cuyo comercio internacional alcanza a más de US$ 60.000 millones.

En nuestro país, afirma, producen el 3% del PBI y generan más del 2 por ciento del empleo total, mientras que en el caso específico de la Ciudad de Buenos Aires estas cifras alcanzan al 6% del PBI y el 5% del empleo.

Incluyendo las actividades conexas y otras actividades culturales y del entretenimiento, el 7,7 por ciento de la economía de la ciudad es generada por este sector.

Según datos del Observatorio de Industrias Culturales del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a pesar de su baja visibilidad como sector productivo propiamente dicho, las industrias culturales se equiparan, en cuanto a volumen de producción, con las industrias de productos alimenticios y de bebidas, e incluso superan el PBI de la industria automotriz y de la industria textil.

Se trata de un sector con una gran diversidad de perfiles, y por lo tanto refleja también los diversos requerimientos de calificación de los puestos de trabajo: el 16 por ciento se desempeña en tareas profesionales (con título universitario) y el 32 por ciento en ocupaciones técnicas. Estos valores para el sector de software ascienden al 22 por ciento los profesionales y 59 por ciento los técnicos. El resto de los ocupados se desempeña en tareas de calificación operativa o que no requieren calificación.

El 60 por ciento de empleo se ubica en Capital y partidos del conurbano. Con respecto a los recursos humanos, la brecha entre Capital y el resto de las provincias es muy significativa, hecho que refleja las dificultades de las provincias por retener a las personas que forma.

«Otro dato destacable es que, en general, se trata de una actividad económica desarrollada por pymes, un actor clave y dinámico para el desarrollo productivo de Buenos Aires», afirma Puente.

Pero hay otras formas de denominarlas. Gerardo Neugovsen, director de Tikal Ideas, área educativa de la Fundación Coppla de Argentina, dedicada al desarrollo de propuestas de formación profesional dirigidas a todas aquellas personas que llevan adelante proyectos y emprendimientos en el sector social y cultural, público o privado, prefiere hablar de industrias creativas.

«También se las llama así, en tanto conjugan la creación, producción y comercialización de bienes y servicios cuya particularidad reside en la intangibilidad de sus contenidos y su carácter cultural», dice.

«La dualidad cultural y económica de esas industrias constituye el signo principal», afirma Neugovsen, capacitador y pedagogo en temas vinculados con la gestión de organizaciones y emprendimientos sociales y culturales, con estudios de posgrado en la Open University de Londres y en la Facultad de Economía y Artes de la Universidad de Utrecht (Holanda), pionera en Europa en formaciones de grado y posgrado en materia de gestión cultural.

Según explica, del total de los trabajadores activos que poseen una profesión creativa o trabajan en una unidad económica dentro del sector cultural o creativo, se identifican tres situaciones:

  • Aquellos trabajadores con una profesión creativa en un sector creativo (por ejemplo, un artista en una ópera)

  • Aquellos trabajadores con una profesión creativa que trabajan fuera del sector creativo (diseñador en la industria automotriz)

  • Aquellos trabajadores con una profesión no vinculada con la creatividad que trabajan en el sector creativo (contador en una compañía de producción fílmica, por ejemplo).

Altas tasas de crecimiento

«En Europa, el empleo cultural muestra tasas de crecimiento superiores al promedio del crecimiento laboral. Posee una naturaleza atípica y se insinúa que muestra las tendencias de los empleos del futuro: mayor flexibilidad, altas calificaciones de formación y movilidad física, según las actuales tendencias globalizadoras», dice Elisabet Martín, responsable del área de Capacitación de Tikal Ideas.

La gran crisis que vivió la Argentina en 2001-2002 fue muy aleccionadora porque demostró cuánta gente que quedó abruptamente fuera del sistema formal de empleo y pasó a subsistir al reciclarse y convertir un hobby artístico o artesanal en su fuente primaria de ingresos.

«Sin embargo, se estima que menos del 10 por ciento de la población emergente de las áreas de arte, conservatorios y similares está por el momento en condiciones de vivir de su profesión debido, entre otras causas, a la falta de conciencia empresarial y a su dificultad para realizar juicios realistas acerca de la sustentabilidad económica de las actividades creativas. Esto se adjudica, en general, a la falta de interacción de los estudiantes con las industrias correspondientes», afirma Martin, a la vez que explica la fuerte necesidad de capacitación que hay en estos campos de alta potencialidad laboral.

«El sector creativo marca un camino: en la sociedad habrá más trabajo, pero menos empleo formal, tendencia que debe acompañar y para la que tiene que preparar el sistema educativo», dice Neugovsen.

Tikal propone trayectos educativos que buscan dar respuesta a estas tendencias: el Diploma en Gestión Social y Cultural, a distancia, que tiene certificación internacional, otorgada por la Universidad de Valparaíso, Chile. También el Programa Ejecutivo en Gestión Cultural e Industrias Creativas, que otorga certificación de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, con el auspicio de la Facultad de Economía y Artes de la Universidad de Utrecht (Holanda).

«Es imperativo entender que el aprovechamiento de las oportunidades -que en términos de desarrollo significa el fortalecimiento del sector cultural y creativo- se encuentra vinculado con la calidad de sus recursos humanos», concluye Neugovsen.

Carmen María Ramos

    Tendencias mundiales

  • Según el informe Americans for the Arts (Estados Unidos, 2005), el número de emprendimientos vinculados con este sector creció 5,5% respecto del año anterior, mientras que el crecimiento de los emprendimientos en general fue del 3,83 por ciento. En este estudio se incluyen museos y colecciones, artes escénicas, artes visuales y fotografía, film, radio y tevé, diseño y publicidad, así como escuelas de artes y servicios.

  • En Holanda, el sector de cultura y turismo cultural equivale al 4,2% de la población activa empleada; para Suecia, este porcentaje es de 3,6%, y en Polonia representa el 1,9 por ciento.

  • En la ciudad de Berlín, 90.000 personas están empleadas en el sector creativo, lo que representa el 8% de la población activa de la ciudad. Trabajan en 18.570 emprendimientos.

  • El sector de la Cultura y las actividades relacionadas con ella generaron en España el 2,6% del PBI en 2003. Según datos que difundió la Comisión Europea tanto en el caso español como en el de toda la UE, las actividades culturales adquieren cada vez más importancia en el ámbito económico general.

  • Las franjas etarias ubican los mayores porcentajes (75%) en el rango comprendido entre los 25 y los 49 años, siendo equivalente a las tendencias en todo el espectro laboral y en la mayoría de los países analizados.

  • Esta modalidad de trabajo, con alto impacto en el sector cultural, desafía las últimas tendencias relacionadas con las categorías tradicionales de la sociedad de empleo pleno. El trabajador de la cultura se convierte en un emprendedor cultural sin capital, al que la literatura académica define como un nuevo trabajador multitalentoso, multifuncional y flexible tanto en horarios de trabajo como por su permanente capacidad de autoempleo.