«Exageradas» campañas antitóxicos

16 octubre 2006 / BBC Mundo (Reino Unido)

Importantes toxicólogos británicos dicen que las organizaciones ecologistas están «engañando» al público con sus campañas de contaminación química.

Esas campañas, dicen, «alarman y asustan injustamente» a la gente.

En particular, critican la campaña del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) que ha puesto de manifiesto la presencia de sustancias químicas en la sangre, los alimentos y cordones umbilicales de recién nacidos.

Los científicos indican que los minúsculos niveles detectados no garantizan que estos grupos se centren en los peligros a la salud.

El WWF niega que esté creando falsas alarmas.

La organización ecológica llevó a cabo varias pruebas como parte de su campaña para fortalecer una legislación de la Unión Europea llamada registro, evaluación y autorización de sustancias químicas, o REACH por sus siglas en inglés.

«Nosotros no queremos alertar ni meterle miedo a la población» dijo a BBC Ciencia Enrique Segovia, director del programa de conservación de WWF en España.

«Creemos que hay que hacer una regulación clara y exhaustiva de estas sustancias químicas para que verdaderamente no generen ningún impacto en la población», afirma.

Se espera que próximamente se apruebe la ley que determinará qué sustancias químicas deberán prohibirse.

Según WWF, la presencia en el medio ambiente de sustancias químicas como almizcles sintéticos (que se usan en perfumes), retardantes de llama bromados y dioxinas.

Estas sustancias, dice la organización, representan un peligro a la salud de seres humanos y animales, y se necesitan medidas protectoras más firmes.

Pero aunque varios científicos creen que es vital medir los niveles de sustancias químicas y retirar el uso de sustancias peligrosas, lo que está haciendo WWF y otros grupos ecologistas, dicen, es jugar con los temores del público para llamar la atención.

Respuestas

Alistair Hay, profesor de toxicología medioambiental de la Universidad de Leeds, Inglaterra, indica que «la presencia de esos compuestos es una advertencia de que estamos expuestos a sustancias químicas en el medio ambiente».

«Debemos tratar de entender lo que esto significa -agrega- pero es incorrecto alarmar a la gente».

Por su parte, David Coggon, profesor de salud ocupacional y medioambiental de la Universidad de Southampton agrega que «el mensaje que estos grupos están lanzando es engañoso y lo hacen deliberadamente».

El doctor Andrew Smith, de la Unidad de Toxicología del Consejo de Investigaciones Médicas de la Universidad de Leicester, indica que «cuando se considera la toxicidad, la clave es la cantidad de sustancias químicas presentes».

Y los investigaciones afirman que los niveles de compuestos químicos que se encontraron en algunas de las pruebas fueron extremadamente bajos.

Se midieron en partes por mil millones o mil millones de millones, agregan.

«Químifobia»

Los expertos explican que aunque estas sustancias son peligrosas en dosis altas, no se puede asumir que porque se detectó un rastro serán perjudiciales.

Según el profesor Coggon «el hecho de que se detecte algo no implica un riesgo material a la salud».

Los investigadores admiten que hay incertidumbre sobre los efectos de algunos de estos compuestos.

Pero agregan que sólo porque no se puede confirmar que algo es 100% seguro, esto no significa que sea 100% peligroso.

La gente, dicen, no debería preocuparse ya que la mayoría de los compuestos químicos no hacen daño a la salud a niveles tan bajos.

Por su parte, la organización ecologista WWF afirma que mientras no se conozcan los riesgos a la salud relacionados con la exposición a sustancias tóxicas, la gente no debería exponerse a ellas.

«No queremos alarmar a la población», dice Enrique Segovia.

«Pero estamos tratando de que la gente esté consciente de la presencia de sustancias tóxicas en el medio ambiente».

«Queremos denunciar que estamos siendo sometidos a un experimento químico de alcance mundial que sabemos qué consecuencias va a tener en la salud y el medio ambiente», afirma el portavoz de WWF.

«Y lo que nos parece más grave es que nadie nos ha pedido nuestra opinión si queremos o no participar de ese experimento», concluye.