El carbón quiere teñirse de verde

EL País (España) / Por Rafael Méndez

La Cumbre del Clima lanza un guiño a Bush al apoyar el ‘carbón limpio’ – La ONU intenta atraer a los productores de petróleo a un acuerdo pos-Kioto.

La economía mundial depende de los combustibles fósiles tanto como el yonqui de la heroína. Mientras que los ecologistas quieren desenganchar al planeta -cambiando el carbón y el petróleo por energías renovables-, otra corriente apuesta por minimizar los daños mediante el oxímoron del «carbón limpio» -la quema de combustibles fósiles de la forma menos contaminante posible. A este grupo, impulsado por EE UU, le ha lanzado un guiño el secretario ejecutivo de la cumbre del Clima, Yvo de Boer, que en Bali ha señalado que «es inconcebible» esperar que China e India renuncien a sus reservas de carbón y que al menos hay que lograr que lo quemen de la forma más limpia posible.

La cumbre ha cerrado ya la primera semana sin decisiones claras y con un firme rechazo de los países en vías de desarrollo a comprometerse a reducir sus emisiones. China e India, por ejemplo, a los que el Protocolo de Kioto no obligaba a reducir sus emisiones pero que en los últimos años las han incrementado enormemente y se han situado entre los principales contaminantes del planeta, no aceptarán imposiciones al considerar que limitarán su crecimiento económio, informa Efe desde Bali.

De cualquier forma, hay un cambio lento pero evidente que se vive en los últimos años sobre cómo se afronta el cambio climático y puede servir para atraer a EE UU y a los países productores de petróleo al acuerdo pos-Kioto o al menos favorecer que no bloqueen las negociaciones.

De Boer proclamó: «Si miro todos los escenarios que he visto, incluso aquéllos en los que se han reducido las emisiones drásticamente en todo el mundo, los combustibles fósiles siguen teniendo un papel importante en la generación de energía. Si la economía mundial sigue creciendo seguirá la dependencia del petróleo, el gas y el carbón. Y si vas a China a India, países que tienen enormes cantidades de carbón en su casa, es prácticamente inconcebible esperar que no exploten esos recursos. Y eso implica que una parte clave del reto sea desarrollar la tecnología que permita usar combustibles fósiles de forma más limpia». El hombre sobre el que estarán todas las miradas en la cumbre de Bali dejaba claro que el ahorro, la eficiencia y la energía renovable no bastan.

La clave está en si el acuerdo que sustituya a Kioto -y que no se acordará en Bali hasta 2009- incluirá la inversión en carbón limpio dentro de los llamados mecanismos de desarrollo limpio, las inversiones en energía verde que los países ricos realizan en los pobres para reducir emisiones. Con estos proyectos, los desarrollados se descuentan parte de su contaminación. China está especialmente interesada en conseguir inversiones para nuevas plantas de carbón.

China abre una nueva térmica de carbón cada semana, almacena el 12,6% de las reservas mundiales conocidas y su demanda de carbón se ha duplicado en seis años. Las cifras explican por qué según la Agencia Internacional de la Energía, antes de 2010 China superará a EE UU como primer emisor de gases de efecto invernadero (un estudio holandés dice que ya ha ocurrido). Algo parecido sucede con India, que almacena el 10,2% de las reservas.

Hasta ahora, la lucha contra el cambio climático se centraba en reducir el consumo de energía -mediante transporte público, poniendo impuestos a los combustibles fósiles y a la tonelada de contaminación, primando las energías renovables y sustituyendo el carbón por el gas-, pero ahora parece imponerse como lógico el concepto de «carbón limpio».

El propio George W. Bush lo hizo suyo el pasado enero: «Nuestro vital interés es diversificar el suministro energético de América a través de la tecnología. Necesitamos seguir cambiando la forma de generar electricidad, con un mayor uso de la tecnología de carbón limpio, solar y energía eólica y energía nuclear segura». Así, lo que empezó como una contradicción en los términos puede acabar en eslogan político. Es una contradicción porque la termodinámica es tan tozuda como la gravedad. No hay forma de quemar carbón (o petróleo) sin producir CO2. Éste es el principal gas de efecto invernadero, que se acumula en la atmósfera, atrapa parte del calor que emite la Tierra y calienta el planeta.

Esto ocurre con todos los combustibles fósiles, pero especialmente con el carbón, que produce tres veces más CO2 que el gas natural para producir la misma electricidad. En China, la eficiencia de las plantas es menor y, por tanto, la emisión es mayor.

«No podemos evitar que se produzca CO2, pero sí reducir mucho la cantidad de dióxido de carbono producida y capturar el que va a salir por la chimenea y enterrarlo bajo tierra», explica Colin Nathan, del Centro de Carbón Limpio de la Agencia Internacional de la Energía, con sede en Londres.

La principal baza del carbón limpio es el secuestro y almacenamiento de carbono, para inyectarlo bajo tierra antes de que salga de la planta. El Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) afirma que el almacenamiento permitirá captar entre un 20% y un 40% de las emisiones mundiales en 2050.

Los ecologistas miran con recelo este discurso. Ladislao Martínez, de Ecologistas en Acción, señala: «No hay que esperar grandes milagros tecnológicos. La prioridad debe seguir siendo ahorro, eficiencia y renovables».

La UE y España también apuestan por el secuestro de carbón. «Sería irresponsable lo que puede representar el 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero. España está haciendo un esfuerzo sin precedentes en energías renovables, y en 2010 invertiremos 3.800 millones en primas, lo que supone 80 euros por habitante, pero eso no es incompatible con investigar esta tecnología, que en unas décadas puede desempeñar un papel relevante», afirma el secretario general para la Prevención del Cambio Climático del Ministerio de Medio Ambiente, Arturo Gonzalo Aizpiri. España tiene planes de investigación públicos y privados en León, Asturias y Puertollano. Si funcionan pueden suponer una segunda oportunidad para el carbón.