Dificultades de los jóvenes en riesgo

La Nación (Argentina) / Por Silvia Stang

Informe de la OIT. La pobreza, base de la vulnerabilidad.

Es un dato conocido: los jóvenes son un grupo vulnerable en el mercado laboral, y el tema se agrava en sociedades como la nuestra, donde tantas familias sufren la pobreza. Para intentar dar respuesta al menos a parte de quienes no tienen trabajo o lo tienen, pero bajo una modalidad precaria y en la informalidad, existen programas que involucran a varios actores, desde el Estado en sus diferentes niveles hasta sindicatos, organizaciones sociales y empresas privadas.

Algunas compañías, por ejemplo, se sumaron al proyecto para la Promoción del Empleo Juvenil en América latina (Prejal), que promueve la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Su responsable, Luis González Gómez de Aranda, estuvo en Buenos Aires la semana última, y destacó algo que parece muy cierto: más allá de la conciencia social, lo que una empresa realiza en favor de preparar a las personas para la vida laboral va en su propio beneficio. Este plan, que está financiado por el gobierno español, llegará a 9500 beneficiarios e incluye acciones de capacitación o prácticas laborales. Edesur, Adecco, el Banco Santander Río, Prosegur, la Fundación Telefónica y la Fundación Real Madrid (que colabora con la Obra del Padre Mario) son los participantes.

El programa se sumará a otros que lanzó el Ministerio de Trabajo. Pero volviendo a las acciones de la OIT, en estos días se presentó también un trabajo sobre la problemática juvenil que, en uno de sus capítulos, reproduce interesantes comentarios surgidos de entrevistas hechas a dirigentes empresariales, sindicales, de organizaciones sociales y a funcionarios públicos.

Uno de los aspectos allí marcados es que, a veces, las carencias que las empresas dicen ver en muchos jóvenes no tienen que ver con saber un oficio determinado, sino con ciertos comportamientos. Se advierte, por ejemplo, que existe un déficit en lo que se refiere a las relaciones interpersonales.

También hay referencias a situaciones externas a la persona, que provocan actitudes discriminatorias. Vivir en una villa es algo que se señala como una barrera complicada para quien se postula a un empleo.

Una respuesta que parece venir de un empresario (las frases son anónimas) causa alarma: se afirma que algunos candidatos no pasan el examen físico porque, por ejemplo, sufren algún grado de desnutrición y la tarea les impondría un esfuerzo físico que no podrían soportar. "Otra cosa que está apareciendo mucho es el tema de la droga", dice otra respuesta.

"El mercado laboral ofrece a los jóvenes -sobre todo a los jóvenes pobres- oportunidades de un alto nivel de explotación, maltrato y bajos salarios", expresó uno de los entrevistados. Aun para quien no conoce a personas afectadas por tal realidad, la respuesta no debería sonar extraña, si se consideran los elevados niveles de ocupación informal juvenil.

Sin embargo, el trabajo muestra también críticas dirigidas al sector formal de la economía: "Los empresarios no saben qué hacer… A lo mejor tienen sistemas de recursos humanos antiguos y uno les atribuye un poder bárbaro y en realidad son muy ineficientes", sostuvo uno de los consultados al referirse a la relación que se establece entre los empleadores y los jóvenes, que tienen una visión de la vida laboral diferente de la que marcó la trayectoria de sus mayores.